25 octubre 2016

EL CO2 DE LA ATMÓSFERA BATIÓ RECORDS


La cantidad de gases de efecto invernadero presente en la atmósfera batió un nuevo récord en 2015 por lo que continúa el aumento incesante que alimenta el cambio climático, advirtió la Organización Mundial de la Meteorología.
En 2015, la concentración atmosférica de CO2 (principal gas de efecto invernadero de larga duración) alcanzó 400 partes por millón, según se indica en el Boletín sobre los gases de efecto invernadero que publica anualmente la OMM.

Asimismo, el informe destaca que los niveles de CO2 se dispararon de nuevo en 2016, alcanzando nuevos récords como consecuencia del fenómeno de El Niño, que ha tenido devastadores efectos en distintas zonas del mundo entre 2015 y los primeros meses de 2016.

Los niveles de CO2 ya habían alcanzado anteriormente la barrera de las 400 ppm en algunos lugares concretos durante varios meses del año, pero nunca antes a escala mundial durante un año entero.
Noticias Ambientales

12 octubre 2016

POR QUE NOS FASCINA EL AUTO Y EN REALIDAD ES UN PROBLEMA QUE NOS SALE MUY CARO?

¿Cuál es la situación en tu ciudad? ¿Llegas al trabajo en bicicleta, caminando en transporte público o en tu propio carro? La situación de la utilización del automóvil en tu ciudad, seguro depende de cómo es el servicio de transporte público, de la cercanía al lugar del trabajo, del confort, entre muchas otras variables. Lo que estamos viendo es que, cada vez más ciudades se suman Día Mundial Sin Auto en Latinoamérica y el Caribe (LAC). Sin embargo la tendencia sigue siendo a la alza en materia de automóviles privados. Entonces, ¿qué es lo que verdaderamente sucede?
LAC es una región de ingreso medio donde se puede observar que al aumentar el ingreso, disminuye el gasto en alimentos y se reasignan recursos hacia la educación, la salud y el automóvil privado (CEPAL, 2015). El sentimiento de libertad que brinda el auto versus el transporte público es un problema a tratar en la región, ¿cómo generar la transición del cambio de paradigma? Lamentablemente en nuestros países se sigue considerando que esta compra es un ascenso social, ya que este arquetipo se ve nutrido principalmente por pocas opciones de transporte y políticas limitadas.
El transporte público todavía no responde a ciertos criterios de eficiencia, calidad y seguridad que permitan la promoción viable del uso del movilidad para todo ciudadano sin discriminación económica. ¿Qué debemos tener en cuenta para promover un cambio paradigma?
Subsidios. Los subsidios a los combustibles fósiles también frenan el cambio de paradigma. Mientras más subsidios tenga la gasolina, más facilidad tendrán los ciudadanos en optar irse por su cuenta. No obstante, estos recursos podrían ser asignados a la inversión en proyectos magnos de infraestructura para brindarles una mejor calidad de vialidad a los ciudadanos.
Planificación urbana. Las ciudades también han seguido un modelo de crecimiento expansivo en donde los instrumentos de planificación se vieron superados por la llegada masiva de habitantes. La decisión de una nueva línea de metro o un corredor de transporte pueden promover la construcción de una ciudad compacta y multiservicios para reducir los viajes.
Salud. Por último, sin incluimos las externalidades negativas a nivel de la salud aumenta la cuenta. Una reciente Publicación de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) estableció que la contaminación del aire originará entre seis y nueve millones de muertes prematuras al año para 2060, y a nivel de productividad implicara la pérdida de 2,6 trillones de dólares estadounidenses al año, es decir, alrededor del 1% del Producto Interior Bruto (PIB) global.
¿Qué políticas crees que se podrían implementar mejor desde tu perspectiva? ¿Cómo ayudas a darle un respiro al planeta, promoviendo menos transporte, una ciudad más amable y sin tanta congestión?

14 septiembre 2016

SÓLO 90 COMPAÑIAS RESPONSABLES DEL 60% DEL CAMBIO CLIMÁTICO

El geógrafo Richard Heede puso en aprietos a las principales empresas del mundo al contabilizar sus emisiones de gases de efecto invernadero.

Richard Heede es un tipo metódico. Alguien a quien le gusta “poner atención a los detalles”. Era una cualidad necesaria a la hora de calcular las emisiones de gases de efecto invernadero generadas por las principales compañías del mundo. Durante años, con pocos recursos, Heede se dedicó a escarbar en archivos y reportes desde la era industrial hasta hoy. Cuando terminó la tarea, concluyó que tan sólo 90 compañías originaron dos terceras partes de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Y, por lo tanto, son responsables del cambio climático.
Heede nació en Noruega pero se crio en Estados Unidos. Cuando estudiaba geografía en la Universidad de Colorado, como lo contó el periodista Douglas Starr en la revista Science, comenzó a interesarse por los subsidios que el gobierno de Ronald Reagan concedía a la industria de combustibles fósiles y la eliminación de apoyo para las energías renovables. Así comenzaba a sumergirse en uno de los mayores desafíos que enfrenta el planeta: el cambio climático.
En 2003, el gobierno municipal de Aspen, Colorado, lo contrató para que calculara todas las emisiones de CO2 de esa localidad. Heede diseñó una metodología y comenzó a recopilar los datos. Calculó el número de emisiones generadas por todos los viajes en avión realizados por los habitantes de la ciudad. También las toneladas de CO2 correspondientes a todos los desplazamientos de los cerca de 13.000 vehículos de Aspen.
Ese trabajo llamó la atención de Peter Roderick, del programa de Justicia Climática de Greenpeace. Roderick le pidió que calculara las emisiones de CO2 generadas en toda su historia por la compañía Exxon. Después de quince meses, en los que escarbó en archivos desde 1870 en dos continentes, concluyó que la compañía petrolera, directa e indirectamente, era responsable de 4,7 % a 5,3 % de las emisiones de gases de efecto invernadero de la humanidad.
Sus datos comenzaron a incomodar. Para una parte de los expertos, su enfoque es equivocado. No se puede culpar a las empresas por una responsabilidad que recae en todas las personas. Otros creen que cuando la responsabilidad es de todos, no es de nadie. Heede ha dicho que la mayor parte de los ciudadanos simplemente no tienen la opción de elegir. Sus decisiones ya están determinadas por esas industrias y el sistema económico.
Como lo contó Starr en su reportaje, la siguiente tarea que Greenpeace le comisionó a Heede fue calcular las emisiones de las compañías de hidrocarburos más grandes. En 2013 publicó sus resultados en una revista científica y alborotó el debate sobre la justicia climática. Entre 1791 y 2011, 90 compañías eran responsables por el 63 % de las emisiones globales. Tan sólo las ocho más grandes daban cuenta del 20 %.
Hace un mes, Heede fue citado a la Cámara de Representantes de EE.UU., porque algunos de sus miembros creen que hace parte de una conspiración para afectar la imagen de esas empresas. “Se trata de una campaña para intimidar y detener la investigación científica”, le contó Heede a Science.

13 septiembre 2016

LA FIEBRE DEL ORO QUE AMENAZA A DIEZ PUEBLOS NATIVOS

Las comunidades nativas de Madre de Dios eran conocidas por la férrea defensa de sus territorios. Ahora están divididas a favor y en contra de explotarlos. La minería está desarticulando la identidad indígena en esta región, mientras los bosques van camino a una crisis sin retorno.

En marzo del 2012 se desató en Puerto Maldonado, capital de Madre de Dios, uno de los episodios más críticos de la violencia social derivada de la minería informal. El 14 de ese mes se cumplían diez días de un paro promovido por la Federación de Mineros de Madre de Dios (Fedemin), al que se plegaron diversas asociaciones, gremios y federaciones civiles; la protesta era contra del Gobierno Central, que había anunciado la promulgación de una serie de decretos legislativos que regulaban la actividad minera informal, establecían el delito penal de minería ilegal y reglamentaban la destrucción de equipos de extracción de oro en zonas prohibidas. Aunque en las jornadas previas se habían reportado enfrentamientos casi rutinarios entre la policía y los manifestantes (bombas lacrimógenas de un lado, piedras del otro), aquel día se alcanzó un pico de violencia altísimo. Hubo decenas de heridos de ambos bandos, y tres manifestantes murieron. Resultaba sintomático que los fallecidos representaran, de manera trágica, a los sectores involucrados en la extracción de oro fluvial en esta región.
FUTURO. Reunión de líderes indígenas sobre el futuro de sus pueblos en la Comunidad Nativa de Puerto Luz. /Audrey Cordova
Uno de ellos fue Julio Ticona Medina, un minero ilegal de la zona conocida como La Pampa que operaba sin ningún permiso junto a miles de personas, la mayoría proveniente de regiones de la sierra sur. Otro fue Carlos Lancy Yumbato, un comerciante del mercado de Puerto Maldonado que integraba ese bolsón de la población favorecido indirectamente por la fiebre del oro. El tercero fue Francisco Areque Jipa, un indígena de la comunidad nativa San José de Karene, que trabajaba como pequeño minero artesanal y que recibió un balazo en la frente disparado por un policía desde un patrullero; la imagen de Areque desparramado en el piso con la cabeza abierta y hundida en un charco de sangre dio la vuelta al mundo. Este desenlace fatal obligó a las partes a sentarse y dialogar.

La muerte de Areque devino en una pregunta: ¿qué hacía un indígena participando de una protesta de mineros informales e ilegales?

La muerte de Areque devino en una pregunta: ¿qué hacía un indígena participando de una protesta de mineros informales e ilegales? Para cierto sector de la opinión pública centralizada en Lima, los indígenas de Madre de Dios se dedican únicamente a la agricultura de autoconsumo y a la artesanía. Lo cierto es que, desde hace décadas, las poblaciones nativas también extraen oro pero de manera artesanal, a muy pequeña escala y con herramientas que no van más allá de picos y palas. Jaime Corisepa, en ese entonces presidente de la Federación Nativa del Río Madre de Dios y Afluentes (Fenamad), explicaba que la participación de algunos indígenas en la protesta era para reclamar al Estado por la superposición de concesiones mineras en territorios de las comunidades Puerto Luz, San José, Boca Inambari, Barranco Chico, Kotsimba, Shiringayoc, Tres Islas, San Jacinto y El Pilar, entre otras. Incluso en la comunidad donde Corisepa había nacido, Puerto Azul, la presencia de mineros ilegales foráneos había modificado el paisaje social, entre otras cosas porque circulaba dinero y porque el dinero había atraído a comerciantes de productos tan citadinos como bebidas energizantes y celulares con internet.

VOZ INDÍGENA. Fermín Chimantani dirige la organización nativa que coadministra con el Estado la reserva Amarakaeri.
“Hay una ruptura del sistema de autogobierno. Ahora tenemos necesidades de la cultura occidental”, dijo Corisepa en una entrevista. También aclaró que no ondeaban las mismas banderas de la Fedemin, que en ese entonces presidía el ahora gobernador regional de Madre de Dios, Luis Otsuka. “Los mineros no tienen claro qué buscan”, dijo el dirigente indígena. Protestaban juntos, pero cada uno tenía su propio pliego de demandas.
Los indígenas de Madre de Dios todavía no imaginaban que, pocos años después, el vertiginoso sistema económico de la minería no formal los iba a absorber irreversiblemente.
Una noche de diciembre del 2012, cuando ya el humo de las protestas en Madre de Dios se había disipado, el local de la Fenamad en Puerto Maldonado lucía repleto y no precisamente en calma. Era un momento clave: en medio de un calor irritante y de la presencia de mosquitos atraídos por la luz de los fluorescentes del techo, decenas de indígenas permanecían sentados escuchando atentamente a los abogados que los asesoraban en asuntos ambientales; al mismo tiempo, un grupo de niños revoloteaba por los pasillos. El grupo reunido quería tomar decisiones definitivas sobre cómo enfrentar el problema de la minería: no querían mineros foráneos en sus comunidades, y en cambio sí querían extraer oro ellos mismos, pero con ciertas normas. Querían formalizarse. “¿Por qué se hacen ricos en nuestros territorios?”, dijo en voz alta Corisepa. “¿Por qué nosotros no podemos desarrollarnos? ¿Tenemos que quedarnos mirando?”.
DIVISIÓN. El auge del oro en Madre de Dios empujó a las comunidades nativas vivir de la minería y dividió la identidad indígena. /ECA Amarakaeri
Aquella noche, ya en privado, el líder harakmbut lamentó que la vorágine económica que vivía la región estuviera afectando la vida de las comunidades indígenas, y lo dijo repitiendo las palabras ‘antes’ y ‘ahora’ con evidente fastidio: “Antes todas nuestras decisiones eran por consenso, ahora deciden los que tienen más poder económico. Antes se designaba a los líderes porque sabían cazar, luchar y curar, pero ahora el líder tiene celular y llama a los políticos. Antes en mi comunidad se tomaba el agua del río directamente, ahora los mineros nos han dicho que hay que tomar mercurio para ser más fuertes”. Cuando terminó de hablar miró a los niños que correteaban en círculos por el local y masculló algo sobre la siguiente generación y los problemas que vendrían.
La reunión con los abogados continuó durante varias horas. Los indígenas de Madre de Dios todavía no imaginaban que, pocos años después, el vertiginoso sistema económico de la minería no formal los iba a absorber irreversiblemente, con sus aparentes beneficios, pero también sus ineludibles traumas.
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El ornitólogo y ecologista estadounidense John Terborgh calcula que el último árbol del último bosque primario en el mundo será talado aproximadamente en el año 2045. La idea aparece en el libro que publicó con el título de “Requiem for Nature”, en el que responde algunas cuestiones sobre la importancia de los parques nacionales en el mundo. Su caso de estudio es el Manu. El libro no habla en tono romántico de las bondades biológicas de este prístino territorio protegido de Madre de Dios, sino sobre cómo todos los planes desplegados para defender la naturaleza virgen han fracasado o fracasarán. El apocalíptico título no es casual. Este célebre investigador ha estudiado el Manu con fruición desde la década de 1970 a través de incontables excursiones, con los respectivos riesgos que esto supone para alguien que ya cumplió 80 años. Pero nunca su trabajo se vio tan obstruido como la mañana del 23 de setiembre del 2015: Terborgh integraba el grupo de casi 40 visitantes que, cuando navegaba por el río a la altura de Boca Manu (una localidad del distrito de Fitzcarrald, en la provincia de Manu, en Madre de Dios), fue retenido por unos 300 indígenas de la zona.
La minería en Madre de Dios está desarticulando lenta pero sostenidamente la identidad indígena en esta región.
SELVA MUERTA. La extracción informal de oro destruyó la zona de amortiguamiento de la reserva Amarakaeri e invadió comunidades nativas. /Audrey Cordova
Los pobladores obligaron a los viajeros a bajar de los botes y a esperar en un albergue cercano; los motoristas fueron llevados a otro punto. “Estamos aislados, prácticamente. El único medio para movernos son botes, pero están retenidos en otro lugar. Tienen al motorista y su ayudante retenidos en la unión de los ríos Manu y Alto Madre de Dios […] Nos intervinieron al mediodía de ayer. Veníamos río abajo y nos cerraron unos ocho botes, íbamos siete personas en mi bote, entre ellos dos turistas norteamericanos. Son personas mayores, de más de 60 años…”, contó al diario El Comercio uno de los guías de la comitiva, por teléfono. Nadie entendía por qué un grupo de indígenas de la zona de amortiguamiento de la Reserva Comunal Amarakaeri adoptaba una actitud tan hostil hacia los turistas, una de sus principales fuentes de ingresos económicos. La presión de la policía, la Defensoría del Pueblo y funcionarios del Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Sernanp) logró que, más de un día después de ser capturados, los visitantes fueran liberados en buen estado de salud, aunque preocupados. Para entonces ya estaba más o menos clara la motivación de los indígenas.
INSUMO. A diferencia de la carretera Interoceánica, la vía abierta por Luis Otsuka no tiene puestos de control del combustible destinado a los centros mineros. /Audrey Cordova
Un comunicado enviado por el Sernanp el 24 de setiembre indicó lo siguiente: “Esta medida de fuerza la han adoptado para exigir que el Sernanp retire la denuncia formulada contra las autoridades del Gobierno Regional de Madre de Dios por la ilegal construcción de una carretera de Nuevo Edén a Puerto Shipiteari (…). La denuncia se sustenta en que la construcción de esta carretera no cuenta con la opinión técnica favorable ni estudio de impacto ambiental, requisitos indispensables para el desarrollo de obras de esta magnitud (…). Además, que el expediente técnico aprobado para dicha construcción es para el mejoramiento de un camino vecinal y no una carretera que en la actualidad tiene una extensión de 25 metros de ancho y 3 km. de largo, que serviría para el desarrollo de actividades como tala y minería ilegal”.
El comunicado señalaba que el Gobierno Regional de Madre de Dios había hecho caso omiso a los continuos oficios de alerta de la Jefatura de la Reserva Comunal Amarakaeri, y que, en vez de enmendar la irregularidad, había continuado la construcción de la carretera, “azuzando a las comunidades”.
Los grupos indígenas de Madre de Dios no pueden afrontar los cambios sociales causados por la minería. Los liderazgos se han dispersado y las visiones foráneas se han filtrado.
En otras palabras, las personas que habían obstruido el paso a los visitantes extranjeros protestaban para que la carretera continuara en proceso de construcción a cargo del Gobierno Regional de Madre de Dios, es decir, del gobernador Luis Otsuka. En el 2012, como recordamos líneas arriba, Otsuka era el principal organizador y promotor de los paros de protesta contra el Gobierno como presidente de la Fedemin; esta vez, en el 2015, él ya había sido elegido como máxima autoridad política de esta región, aunque mantenía su férrea oposición a los intentos del Ejecutivo por controlar la minería informal e ilegal.
Hijo de un migrante japonés y de una mujer indígena, Otsuka vivió sus primeros años en la comunidad nativa El Pilar (distrito de Tambopata). A él le gusta contar que, cuando niño, debía caminar varios kilómetros –a veces descalzo- para conseguir agua potable o para ir a la escuela, y que para solventar la magra canasta familiar aprendió de muy chico a trabajar en minería artesanal. “Yo no he nacido en cuna de oro, yo sé lo que es la necesidad, por eso entiendo a los mineros informales, porque fui uno de ellos”, dijo un vez. Cuando se le interpeló por el hecho de construir una carretera en una zona de alto riesgo biológico, apeló a los mismos argumentos: pobreza, atraso, sensibilidad social. Otsuka alega que esa carretera ayuda a interconectar a las comunidades indígenas circundantes para que puedan comercializar sus productos y tener un contacto más rápido con Puerto Maldonado.
Ante las advertencias reiteradas de que esta vía beneficia directamente a mineros y madereros ilegales, además de los comerciantes informales de combustible, él lo niega o minimiza la situación. A veces también se victimiza, como en una reciente entrevista concedida a OjoPúblico: “Por esa carretera soy denunciado en Cusco como un vulgar delincuente por depredación, delitos ambientales. Yo no entiendo cómo nosotros podemos desarrollar nuestros pueblos si no tenemos una carretera”.
“Yo no he nacido en cuna de oro, yo sé lo que es la necesidad, por eso entiendo a los mineros informales, porque fui uno de ellos”.Luis Otsuka, gobernador de Madre de Dios
Otsuka ya no es un dirigente de un gremio civil, sino una autoridad sujeta a los controles del Estado, y por lo tanto la situación jurídica es distinta. Desde mediados del 2015, cuando el gobierno regional inició los trabajos para extender la carretera en la zona de amortiguamiento de la Reserva Comunal Amarakaeri, hasta que se terminó la trocha, hubo seis modificaciones técnicas y los trabajos comenzaron sin el visto bueno del Ministerio del Ambiente. Tampoco se cumplió el proceso de consulta previa ante las comunidades que habitan la zona. Por tales razones, el Juzgado de Investigación Preparatoria Transitorio-Ambiental de Cusco ordenó que se paralizaran las obras por “depredación de bosques”, y la fiscalía de Madre de Dios inició una investigación por presuntos delitos ambientales. Otsuka no solo no acató las indicaciones y no se allanó a las investigaciones, sino que tuvo constantes enfrentamientos verbales con el anterior ministro del Ambiente, Manuel Pulgar-Vidal.
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La muerte del nativo Francisco Areque en una protesta de mineros y la construcción forzosa de una carretera cerca de la Reserva Comunal Amarakaeri parecen hechos aislados, pero apuntan a una misma conclusión: la minería en Madre de Dios está desarticulando lenta pero sostenidamente la identidad indígena en esta región. Diversas personas consultadas para este reportaje, desde dirigentes indígenas actuales y anteriores hasta funcionarios del gobierno regional encargados de la vigilancia de las zonas comunales –quienes piden la reserva de sus nombres por temor a represalias de otros líderes o del propio Otsuka–, coinciden en que los indígenas manejan una agenda propia respecto de la actividad minera, y que no quieren ser vinculados a los gremios de mineros no nativos, pero están de acuerdo también en que cada comunidad afronta una situación particular. Algunas se oponen tajantemente a la presencia de cualquier foráneo que quiera extraer oro, pero otras en cambio permiten en cambio que trabajen en suelos comunales a cambio de regalías.
Los grupos indígenas de Madre de Dios, agrupados en la Fenamad, no pueden afrontar como un bloque los cambios sociales causados por los embates de la minería porque los liderazgos se han dispersado y las visiones foráneas se han filtrado.
En la comunidad de Puerto Luz la población está dividida entre quienes quieren trabajar minería artesanal (sin capacitaciones, sin herramientas, y por lo tanto sin mayores beneficios económicos) y los que prefieren percibir las regalías. En San José de Karene, la división es mayor, pues hay quienes rechazan cualquier tipo de actividad minera, los que aceptan la minería a pequeña escala (realizada por ellos mismos o por terceros que paguen regalías) y los que proponen abrir las puertas del territorio a la minería a gran escala, aquella que utiliza maquinaria pesada. La convivencia de indígenas y colonos en la misma comunidad ha derivado en estos enormes desacuerdos. En noviembre del 2015, una operación conjunta de la policía y el Sernanp detectó varias retroexcavadoras en la orilla de un río en Barranco Chico, con extensas porciones de tierra ya removida. El daño en este sector es muy severo.
A los perjuicios geográficos y paisajísticos se suma la presencia sensible del mercurio. En el 2013, la Dirección Regional de Salud de Madre de Dios elaboró un estudio en pobladores de 24 comunidades de la región, con el apoyo del Instituto Carnegie para la Ciencia de la Universidad de Stanford. Aunque la cantidad máxima de mercurio en la sangre de una persona, aceptada por la Organización Mundial de la Salud, es de 1 parte por millón (ppm), el estudio amplió la valla y estableció el límite en 3 ppm. Las muestras de los pobladores de Diamante arrojaron entre 6 y 8 ppm.
Esta resumida historia de los encuentros y desencuentros entre indígenas y mineros, entre 2012 y 2016, ha corrido en paralelo a los cambios directivos en la Fenamad. Lo que no ha cambiado son las ideas. Las gestiones de Jaime Corisepa y Klaus Quicque coincidieron con el gobierno de Ollanta Humala, que más allá de intentos esporádicos y agresivos no redujo los daños ambientales y sociales de la minería informal e ilegal en esta región. El actual presidente de Fenamad, Julio Cusurichi, tiene enfrente a un nuevo Gobierno Central, con las oportunidades y nuevos márgenes que sobre el papel esto supone. En una entrevista concedida a comienzos de agosto a Radio Madre de Dios, Cusurichi comentó el interés que tenía por reunirse con el presidente Pedro Pablo Kuczynski para hablar del tema. “Pediremos una modificación para un régimen especial que vea el trabajo de minería responsable en comunidades. Son 10 comunidades nativas que trabajan la minería. Para eso vamos a plantear un régimen especial, responsable, ordenado”, dijo. El periodista radial le preguntó cuándo sería esa reunión, o si ya tenía una cita prevista. “Aún no sabemos la fecha, ojalá sea lo más pronto posible”, dijo el dirigente, casi en tono de súplica. Para los indígenas de Madre de Dios, por irónico que suene, el tiempo es oro.

02 septiembre 2016

VOLVER A LOS MANGLARES - LOS HUMEDALES Y EL CAMBIO CLIMÁTICO

Hace tiempo que realmente no visitaba un manglar. Nada te cautiva más que las raíces de un mangle rojo, sus neumatóforos (raíces que sobresalen de la tierra como tubos de respiración) de mangle blanco manchados por cangrejos azules corriendo hacia sus agujeros, y el “dulce” aroma de materia orgánica en descomposición. Mi visita a los manglares se realizó retrospectivamente a través de una  encuesta que realicé de los humedales en Big Corn y Little Corn Island, dos pequeñas islas de la costa caribeña de Nicaragua.
Mangrove sprout – © Copyright (CC BY-SA 2.0) – Lars Ploughmann -FLICKR
Los sistemas de manglares son increíblemente dinámicos y complejos. ¿Sería capaz de distinguir la sutil interacción o interrelación entre los límites de agua dulce y salada si se mira de cerca la vegetación? Los manglares son de gran importancia para las zonas costeras y en especial para las pequeñas islas que son altamente vulnerables a los impactos del cambio climático. Ellos son parte del capital natural que tiene que ser mantenido, apoyado y gestionado adecuadamente como parte de la respuesta adaptativa a la subida del nivel del mar y la erosión costera. No es sólo por su valor intrínseco como hábitat de peces, plantas y mariscos; sino también por y para la infraestructura ecológica de un país, sobre la cual se construyen sus economías. Los manglares forman parte de la economía azul, un concepto aplicable a las islas donde la base económica es tanto en tierra como en el mar y donde la salud de los recursos costeros y marinos es de importancia crítica.
Los tiempos han cambiado. Ya no consideramos a estos sistemas como terrenos baldíos o espacios de espera para ser desarrollados, en cambio los vemos como cada vez son más importantes para el desarrollo de los estados insulares y las comunidades costeras en todo el mundo. Su función protectora a lo largo de la costa, su biodiversidad, la filtración natural de escurrimiento de la tierra, su interconexión con los arrecifes y pastos marinos y, por supuesto, su capacidad de bloqueo de carbono – una gran parte de su almacenamiento de carbono es en realidad subterránea. Fuimos testigos que el mundo climático post-París adquiere mayor importancia a medida que los países examinen las formas de reducir su huella de carbono.El carbono azul como nos referimos ahora, es el lugar donde los ecosistemas costeros como los manglares, pastos marinos y marismas secuestran carbono. En días pasados, nos hemos referido como la biomasa aérea y la biomasa subterránea – árboles, ramas, raíces y por supuesto mucho barro.
Los sistemas de manglares además de complejos y dinámicos, también son frágiles. Una intervención aparentemente sin importancia, como por ejemplo un pequeño camino a través de la toma de agua principal, en una zona crítica puede alterar drásticamente la dinámica del sistema y puede dar lugar al deceso o reestructuración de una gran parte de la comunidad vegetal. Los manglares tienen que ser activa y adecuadamente gestionados como cualquier activo de capital. Los ajustes correctos tienen que hacerse cuando se detectan cambios en la base de activos. La buena administración supone una adecuada capacidad para supervisar y responder a los cambios y el compromiso de inversiones a largo plazo. Todo esto tenido en cuenta garantiza rendimiento.
Mientras que estaba parado mentalmente en el medio de uno de los manglares de Big Corn Island, la reflexión fue que tenía que volver a involucrarme con estos sistemas, con el fin de ayudar a las comunidades y estados insulares responder a la amenaza actual y creciente del cambio climático.