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01 octubre 2013

QUE NOS DICE EL NUEVO CENSO AGRARIO?

Después de 18 años, el Perú cuenta con un Censo Agropecuario (IV Cenagro) que nos muestra la realidad del mundo agrario peruano. Antes, se planificaba las políticas del sector con cifras de 1994, lo que muestra la desidia de los distintos gobiernos respecto a este tema. Ahora,  con los datos del IV Cenagro, resulta fundamental mirar la problemática actual del agro. A continuación, trataremos dos aspectos claves que poco o nada se quieren discutir: el regreso del latifundismo y el impacto de la pequeña agricultura en la seguridad alimentaria (Revista Agraria Nº 155).

El regreso del latifundismo
Desde hace unos años, un nuevo proceso de concentración de tierras se viene extendiendo de forma incontrolable en el país. Luego de la Reforma Agraria, que democratizó la sociedad rural poniendo fin al gamonalismo y a las relaciones serviles, en la década de 1990 se inició un ciclo de liberalización del mercado de tierras. Según el sociólogo Fernando Eguren, en las unidades agropecuarias (UA) por encima de las 500 hectáreas ya existiría concentración de la propiedad, lo que significa cerca de la cuarta parte de todas las tierras de cultivo del país. En tanto, los “neolatifundios” —aquellas UA que tienen más de mil hectáreas—concentran más de la quinta parte de todas las tierras de cultivo.

Eguren señala que en la costa se da la mayor concentración de la propiedad de las tierras de cultivo. En esta región, el 36.4% de las tierras están concentradas en UA de 500 hectáreas o más. “En este subgrupo de grandes propiedades, los latifundios de más de mil hectáreas poseen el 34% de las tierras de la costa (¡más de un tercio!)”.

La concentración de la propiedad en pocas manos es un modelo de desarrollo excluyente porque la tierra no es sólo un factor de producción, sino también de riqueza, prestigio y poder. ¿Se atreverá el gobierno a plantear una alternativa para frenar el creciente “neolatifundismo”?

La pequeña agricultura es importante
¿Cuán importante es la pequeña agricultura para la seguridad alimentaria de los peruanos? El IV Cenagro no solo confirma la importancia de la pequeña agricultura sino que muestra que esta es mayor a la estimada. La mayor parte de las tierras dedicadas a cultivos alimenticios transitorios corresponden a la pequeña agricultura. Así, en el caso de las leguminosas, el 82% del área sembrada corresponde a la pequeña agricultura, y también corresponde a esta el 76% del área sembrada para los tubérculos, el 74% de la sembrada para los cereales, el 72% de la sembrada para las hortalizas y el 63% de la sembrada para las frutas. Las UA de mayor tamaño destinan muy pocas tierras a la producción de alimentos para el mercado interno.

Entonces, la seguridad alimentaria del Perú depende en gran parte de la pequeña agricultura, cuyo papel, en una perspectiva de soberanía alimentaria, es estratégico.

Por lo expuesto, resulta fundamental que el actual gobierno entienda la nueva realidad del agro nacional, plantee una alternativa para frenar la acumulación de tierras y la conformación de “neolatifundios”, y al mismo tiempo, promueva políticas de desarrollo para la pequeña agricultura, cuyo aporte a la alimentación de los peruanos conocemos ahora en su real dimensión.
Otra Mirada

02 noviembre 2012

EXPORTACIONES DE LAMBAYEQUE AFECTADAS POR SITUACIÓN DE SUS PRINCIPALES COMPRADORES

El cambio climático y la difícil situación económica que atraviesan sus principales destinos afectó la demanda de los productos de Lambayeque, que entre enero y agosto exportó por 166.8 millones de dólares, 28% menos que en similar período del año pasado cuando el monto ascendió a 232.7 millones, informa la Asociación de Exportadores – ADEX.

En opinión de la gerente de ADEX de la Macro Región Norte, Giannina Denegri, si bien los despachos de Lambayeque cayeron significativamente, en especial los destinados a Estados Unidos y otros países de la Unión Europea, lo cierto es que otros aumentaron sus pedidos y se espera que sigan esa tendencia en lo que resta del año. 

“Fueron varios factores los que afectaron nuestras exportaciones. El retraso en la cosecha de nuevos productos agrícolas en el primer semestre del año por el Fenómeno de El Niño, que afortunadamente tuvo una categoría débil y que se originó precisamente en el norte de nuestro país”, subrayó.

El mercado alemán
Detalló que el principal mercado de las ventas regionales fue Alemania con 41.5 millones de dólares, país que contrajo su demanda por productos peruanos en un 7%, mientras que Estados Unidos, el segundo destino, aún no se recupera debido a las obligaciones que tiene el consumidor de ese país por mejorar sus deudas. 

Entre enero y agosto las exportaciones lambayecanas a Norteamérica sumaron poco más de 41 millones de dólares, 39% menos que en ese mismo período del año pasado. “Sin embargo, Ecuador, Colombia y Brasil presentaron una buena demanda de productos. Por ejemplo, el despacho de arroz se incrementó a nuestras naciones vecinas gracias a diversas condiciones coyunturales como la disminución de la producción de ese cereal en esos países”, comentó la gerente macroregional de ADEX. 

Efectivamente, Ecuador, con 16.7 millones de dólares, incrementó su demanda en 60%; Colombia por su parte registró un crecimiento de 88% y Suecia 33%, por los envíos de algunos minerales.

Promover empresas
Con el objetivo de promover e incentivar los envíos de las empresas lambayecanas, la oficina de ADEX en la Macro Región Norte participará en el IV Encuentro Binacional Perú- Ecuador, que se realizará el 20 de noviembre en ese país, de la misma manera organizará la visita de un grupo de empresarios de la macro región norte en la Misión Técnica Comercial a Panamá y en la Feria Expocomer en abril del 2013. 

Las exportaciones Tradicionales de Lambayeque sumaron 83.5 millones de dólares, significando el 29.4% menos en relación al año pasado debido a la menor demanda de café; mientras que las No Tradicionales ascendieron a 83.3 millones de dólares, 27.2% menos a consecuencia de la caída de todos sus subsectores a excepción de “Prendas de Vestir”, y “Varios”, donde figura productos de artesanía y joyería, que sí han obtenido importantes resultados en lo que va del 2012. 

Las agroexportaciones No Tradicionales, que han representado 80 millones de dólares, cayeron en 26.2%. La principal partida exportada fue “Jugo de Maracuyá” con 9.8 millones de dólares; seguido de “Demás Hortalizas preparadas o conservadas sin congelar” con 9.4 millones, que presentó un descenso de 37%.

Semanario Expresión

12 septiembre 2012

NUESTRA SEGURIDAD ALIMENTARIA ¿DEPENDE DELA IMPORTACIÓN DE ALIMENTOS?

¿Es el Perú un país dependiente de las importaciones de alimentos? ¿Nuestra seguridad alimentaria está amenazada por las cíclicas elevaciones de precios? ¿Hay nubarrones, en el futuro, sobre nuestra seguridad alimentaria? La sequía en EE.UU. y una nueva alza de precios ponen nuevamente sobre el tapete un tema que es tanto global como nacional.

Según Alan García, la seguridad alimentaria era un concepto obsoleto, pues bastaba con tener suficientes recursos para importar alimentos cuando aquí faltasen: en el caso del Perú, gas por alimentos (1). Su ejemplo era el Japón. Podría también haber mencionado a Venezuela, que importa las tres cuartas partes de los alimentos que necesita.
El problema es que el mercado internacional de alimentos no es, para nada, confiable. Todos los especialistas concuerdan en que los precios de los alimentos seguirán subiendo y en que se espera que el cambio climático produzca inesperadas variaciones en la producción. Apenas en el pasado mes de junio se esperaba que 2012 fuese un buen año agrícola; mes y medio después, el mundo está alarmado por la sequía en EE.UU. y en otros importantes productores de cereales, que ha empujado el alza de los precios.

Depender de los mercados externos es, pues, crecientemente más caro e inseguro. El Perú no puede darse ese lujo. No se trata de buscar una ilusoria autarquía, pero sí de dotarnos de una estrategia de seguridad alimentaria que nos proteja de los avatares del presente y de un futuro cada vez más impredecible. ¿Cuán dependiente es el Perú de los alimentos importados? No son muchos los alimentos que importamos, en parte por la rica biodiversidad y variedad climática que nos permiten tener una infinidad de alimentos todos los meses del año.

Pero los montos que importamos, de ese limitado número de alimentos, son importantes. El valor de las importaciones de alimentos fue, en 2011, de aproximadamente US$2.6 mil millones (7% de las importaciones totales, que alcanzaron los US$37 mil millones). Los cereales, junto con los tubérculos, conforman una parte sustancial de la dieta de los peruanos y son la principal fuente de calorías.

¿Cuán dependiente es el Perú de las importaciones de cereales?
El valor de la importación de cereales sumó, en 2011, el 60% del total de todas las importaciones de alimentos. El país depende en un 88.7% de las importaciones de trigo. La producción nacional es bastante pequeña, pues apenas supera las 200 mil toneladas, con rendimientos muy bajos de 1.3 toneladas promedio por hectárea. Prácticamente todo el pan, los fideos, las galletas y las harinas se hacen con trigo importado, sobre todo de Argentina y Canadá.

Cinco empresas importan la mayor parte de este cereal: el 77.8% (tan solo Alicorp importa el 42.3%) (2). Un estudio realizado por el Minag, en 2007, concluyó que, dado que las existencias de trigo en el mundo se hacen cada vez menores, «hay que estar prevenidos para enfrentar una escasez futura» (3).

¿Quién debe encargarse de la prevención? El propio Estado. Pero parece que aún prevalecen sobre el tema los puntos de vista de Alan García. También somos altamente dependientes de las importaciones de maíz amarillo duro. Sobre un total de un poco más de 3.1 millones de toneladas, se importó el 60%, principalmente de Argentina y EE.UU. Aquí también hay una concentración de las importaciones: 70% de estas son realizadas por cuatro empresas: San Fernando S.A., Contilatin del Perú S.A., Cargill América del Perú S.R.L. e Importadora de Cereales S.A. (4).

El maíz amarillo duro es el principal insumo alimenticio de la industria pollera, y el pollo es la principal fuente de proteínas de los peruanos. Las variaciones en el precio del maíz, obviamente, impactan en el de los pollos. Somos aún más dependientes de la soya. Así como el maíz amarillo duro, la torta de soya se utiliza sobre todo para la alimentación animal.

La producción en el país es casi inexistente, por lo que debemos importar de Bolivia, Paraguay y Argentina casi la totalidad del millón de toneladas que ingresan a nuestro territorio. Las principales empresas importadoras son ADM Andina y San Fernando S.A. (5). La importación de arroz, en cambio, es marginal (7% del total en 2011), siendo el Perú largamente autosuficiente. En cuanto a la cebada, prácticamente el íntegro que el Perú importa es maltera, destinada a la producción de cervezas. La principal importadora, y casi única, es la Cervecera Backus, que la compra mayoritariamente de la Argentina.

La cebada nacional se destina sobre todo a la alimentación y al forraje. Somos también grandes importadores de aceites vegetales, a un costo de más de US$400 millones. Asimismo, adquirimos frutas y menestras, pero en proporciones bastante menores. Es claro, pues, que los cereales son, entre los productos alimenticios en el mercado internacional, los que tienen los precios más volátiles. Impactan en los precios del pan, los fideos y los pollos, que son esenciales en la nutrición de la población. No es que los cereales vayan a faltar en los mercados, sino en las mesas de los más pobres, pues serán más caros.

Hasta el momento, los gobiernos de turno han actuado como si el Perú estuviese a salvo de la amenaza alimentaria o como si fuesen suficientes los programas de asistencia alimentaria. Por su alta vulnerabilidad a los impactos del cambio climático, el tema merece una atención urgente del gobierno y, en primer lugar, del Ministerio de Agricultura.
La Revista Agraria