Mostrando entradas con la etiqueta Alimentaria. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alimentaria. Mostrar todas las entradas

16 octubre 2012

DIA MUNDIAL DE LA ALIMENTACIÓN...PARA CELEBRAR?

Foto: Oxfam
En el Día Mundial de la Alimentación, hay poco por celebrar y mucho por hacer. Según la FAO, en América Latina 49 millones de personas pasan hambre. Si bien en los últimos 20 años se registran avances importantes, y 16 millones de personas menos padecen hambre en la región, la cifra aún es alarmante, más aún si tomamos en cuenta que América Latina produce suficientes alimentos para cubrir las necesidades de todos sus habitantes.

Pero esta situación será más difícil de revertir si los gobiernos de la región continúan impulsando principalmente a los sectores agroexportadores, postergando la agricultura a pequeña escala, que es la base de la alimentación de millones de personas de la región y que genera altos niveles de empleo en el campo. “Los gobiernos de la región deben aprovechar el actual momento de crecimiento económico que experimentan muchos países, plasmando en los presupuestos del 2013 un incremento en la inversión de la agricultura familiar y campesina, especialmente en las mujeres, que tanto potencial tienen para aumentar su productividad de manera sostenible. Este es el camino más viable para eliminar el hambre en la región”, dijo Antonio Hill, representante de la campaña Crece de Oxfam para América Latina.

De acuerdo con Hill, los gobiernos requieren cambiar su enfoque sobre las políticas agrarias, y deben dejar de ver únicamente la rentabilidad en la exportación de alimentos, para ver en la pequeña agricultura la garantía de la alimentación de todos y todas. “Hay que mirar la pequeña agricultura como rentable, primero porque es la despensa alimentaria del pueblo en la región, y segundo, porque sigue siendo una fuente muy importante de empleo. Fortalecerla a través de mayor inversión en tecnificación agraria o políticas de adaptación al cambio climático es un camino no solo para reducir el hambre sino también para blindar a la región contra la crisis económica en Europa y otras partes del mundo”, dice Antonio Hill.

Para contrarrestar la volatilidad y proteger a los ciudadanos más vulnerables, los gobiernos de la región deben invertir en la productividad sostenible de pequeños productores, en el marco de políticas de seguridad alimentaria que permitan garantizar la provisión de alimentos para todos y todas. Pero los gobiernos de América Latina no están priorizando la inversión en agricultura a pequeña escala, que pierde peso con respecto al presupuesto nacional.

En Perú, por ejemplo, un estudio del Grupo Propuesta Ciudadana muestra que el peso de la pequeña agricultura en el presupuesto nacional es cada vez menor, pues mientras en 2008 representaba el 2,8 del presupuesto, en 2012 su participación disminuyó a 2,4%.

De igual manera, el gasto público destinado al sector agrícola en República Dominicana ha bajado del 2.22% del gasto total en 2010 a 1.46% en 2012. En el caso del gasto por persona empleada en el sector, bajó de $342 a $316 en el mismo periodo.

Los gobiernos de la región deben redoblar esfuerzos para garantizar la alimentación de sus ciudadanos más vulnerables, sin ceder a intereses particulares del sector de los agronegocios, los cuales van muchas veces en contra de la generación y producción de alimentos básicos para las mayorías. “La estrecha relación entre las demandas de gremios poderosos y la asignación de presupuestos a favor de sus intereses no es secreto. La historia no contada es que los gobiernos acceden a esas presiones a costa de los derechos de casi 50 millones de los campesinos y consumidores más pobres y vulnerables en América Latina año tras año. O cambiamos estas tendencias o tiramos un sistema alimentario más justo por la borda”, dijo Hill.

Perú: Crecimiento económico sin agenda vinculada a la seguridad alimentaria
En el Perú a pesar del crecimiento económico sostenido, no se ha avanzado lo suficiente para implementar la agenda vinculada a la seguridad alimentaria ni se han asignado los recursos necesarios para este fin. Según el Mapa de Vulnerabilidad a la Inseguridad Alimentaria a nivel distrital elaborado por el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (Mimdes) en 2011, los departamentos de más alta vulnerabilidad a la inseguridad alimentaria son Huancavelica (98%), Huánuco, (84%), Amazonas (82%) y Puno (80%).

De acuerdo con el Mimdes, el índice de vulnerabilidad a la inseguridad alimentaria alcanza al 47.5% de la población total del país; es decir, más de 13 millones de peruanos y peruanas no pueden cubrir sus requerimientos nutricionales con alimentos en cantidad y calidad suficiente para tener una vida saludable. Además, según el INEI, durante el primer trimestre de este año se incrementó en siete puntos porcentuales el déficit calórico en los hogares con niñas, niños y adolescentes de zonas rurales, con respecto al mismo periodo del 2011.

En el área urbana, el incremento del déficit calórico fue de 0,6%. Giovanna Vásquez, coordinadora de la Campaña Crece de Oxfam en Perú, sostiene que el diagnóstico sobre vulnerabilidad alimentaria en el país, sumado a un escenario de cambio climático y alta volatilidad en los precios de los alimentos, convierten este tema en una prioridad que debe abordarse desde los más altos niveles de decisión. “La conformación de una comisión multisectorial para la seguridad alimentaria, así como la reciente creación de una comisión para la promoción de la dieta andina son avances importantes para enfrentar el problema. Sin embargo, hace falta más claridad del Ejecutivo para delinear e implementar la agenda de seguridad alimentaria en el país, y para ello destinar recursos públicos es clave” dijo Vásquez.

Factores como el cambio climático (que golpea la producción de alimentos) y la volatilidad en los precios (que perjudica el acceso a los alimentos), pueden incrementar el número de personas en situación de hambre. En ese sentido, fortalecer e invertir en agricultura campesina, que genera más del 60% de los alimentos que consumimos en el país, es clave en una política nacional de seguridad alimentaria que busque garantizar alimentos para todos y todas. “Los cambios en los patrones de las lluvias y en las temperaturas golpean la producción de pequeños productores y productoras de papa, maíz, entre otros productos. Hay zonas del Perú donde la producción se reduce hasta en un 50%. Es urgente desplegar políticas y mayor presupuesto para impulsar una producción integrada, así como para apoyar la adaptación al cambio climático de miles de productores”, dice Vásquez.

Pero si bien el fortalecimiento de la pequeña agricultura es un elemento clave para la lucha contra el hambre y la desnutrición en el país, no hay una asignación de recursos acorde con la importancia social y económica de este sector. “El presupuesto para la pequeña agricultura sigue disminuyendo en términos relativos, pasando de 2.8% del presupuesto nacional en 2008 a 2.4% en 2012. De manera similar, mientras el presupuesto per cápita nacional aumentó en 51% entre 2006 y 2011, el correspondiente a la pequeña agricultura creció solo en 16%”, explica Epifanio Baca, investigador del Grupo Propuesta Ciudadana.
Servindi

12 septiembre 2012

NUESTRA SEGURIDAD ALIMENTARIA ¿DEPENDE DELA IMPORTACIÓN DE ALIMENTOS?

¿Es el Perú un país dependiente de las importaciones de alimentos? ¿Nuestra seguridad alimentaria está amenazada por las cíclicas elevaciones de precios? ¿Hay nubarrones, en el futuro, sobre nuestra seguridad alimentaria? La sequía en EE.UU. y una nueva alza de precios ponen nuevamente sobre el tapete un tema que es tanto global como nacional.

Según Alan García, la seguridad alimentaria era un concepto obsoleto, pues bastaba con tener suficientes recursos para importar alimentos cuando aquí faltasen: en el caso del Perú, gas por alimentos (1). Su ejemplo era el Japón. Podría también haber mencionado a Venezuela, que importa las tres cuartas partes de los alimentos que necesita.
El problema es que el mercado internacional de alimentos no es, para nada, confiable. Todos los especialistas concuerdan en que los precios de los alimentos seguirán subiendo y en que se espera que el cambio climático produzca inesperadas variaciones en la producción. Apenas en el pasado mes de junio se esperaba que 2012 fuese un buen año agrícola; mes y medio después, el mundo está alarmado por la sequía en EE.UU. y en otros importantes productores de cereales, que ha empujado el alza de los precios.

Depender de los mercados externos es, pues, crecientemente más caro e inseguro. El Perú no puede darse ese lujo. No se trata de buscar una ilusoria autarquía, pero sí de dotarnos de una estrategia de seguridad alimentaria que nos proteja de los avatares del presente y de un futuro cada vez más impredecible. ¿Cuán dependiente es el Perú de los alimentos importados? No son muchos los alimentos que importamos, en parte por la rica biodiversidad y variedad climática que nos permiten tener una infinidad de alimentos todos los meses del año.

Pero los montos que importamos, de ese limitado número de alimentos, son importantes. El valor de las importaciones de alimentos fue, en 2011, de aproximadamente US$2.6 mil millones (7% de las importaciones totales, que alcanzaron los US$37 mil millones). Los cereales, junto con los tubérculos, conforman una parte sustancial de la dieta de los peruanos y son la principal fuente de calorías.

¿Cuán dependiente es el Perú de las importaciones de cereales?
El valor de la importación de cereales sumó, en 2011, el 60% del total de todas las importaciones de alimentos. El país depende en un 88.7% de las importaciones de trigo. La producción nacional es bastante pequeña, pues apenas supera las 200 mil toneladas, con rendimientos muy bajos de 1.3 toneladas promedio por hectárea. Prácticamente todo el pan, los fideos, las galletas y las harinas se hacen con trigo importado, sobre todo de Argentina y Canadá.

Cinco empresas importan la mayor parte de este cereal: el 77.8% (tan solo Alicorp importa el 42.3%) (2). Un estudio realizado por el Minag, en 2007, concluyó que, dado que las existencias de trigo en el mundo se hacen cada vez menores, «hay que estar prevenidos para enfrentar una escasez futura» (3).

¿Quién debe encargarse de la prevención? El propio Estado. Pero parece que aún prevalecen sobre el tema los puntos de vista de Alan García. También somos altamente dependientes de las importaciones de maíz amarillo duro. Sobre un total de un poco más de 3.1 millones de toneladas, se importó el 60%, principalmente de Argentina y EE.UU. Aquí también hay una concentración de las importaciones: 70% de estas son realizadas por cuatro empresas: San Fernando S.A., Contilatin del Perú S.A., Cargill América del Perú S.R.L. e Importadora de Cereales S.A. (4).

El maíz amarillo duro es el principal insumo alimenticio de la industria pollera, y el pollo es la principal fuente de proteínas de los peruanos. Las variaciones en el precio del maíz, obviamente, impactan en el de los pollos. Somos aún más dependientes de la soya. Así como el maíz amarillo duro, la torta de soya se utiliza sobre todo para la alimentación animal.

La producción en el país es casi inexistente, por lo que debemos importar de Bolivia, Paraguay y Argentina casi la totalidad del millón de toneladas que ingresan a nuestro territorio. Las principales empresas importadoras son ADM Andina y San Fernando S.A. (5). La importación de arroz, en cambio, es marginal (7% del total en 2011), siendo el Perú largamente autosuficiente. En cuanto a la cebada, prácticamente el íntegro que el Perú importa es maltera, destinada a la producción de cervezas. La principal importadora, y casi única, es la Cervecera Backus, que la compra mayoritariamente de la Argentina.

La cebada nacional se destina sobre todo a la alimentación y al forraje. Somos también grandes importadores de aceites vegetales, a un costo de más de US$400 millones. Asimismo, adquirimos frutas y menestras, pero en proporciones bastante menores. Es claro, pues, que los cereales son, entre los productos alimenticios en el mercado internacional, los que tienen los precios más volátiles. Impactan en los precios del pan, los fideos y los pollos, que son esenciales en la nutrición de la población. No es que los cereales vayan a faltar en los mercados, sino en las mesas de los más pobres, pues serán más caros.

Hasta el momento, los gobiernos de turno han actuado como si el Perú estuviese a salvo de la amenaza alimentaria o como si fuesen suficientes los programas de asistencia alimentaria. Por su alta vulnerabilidad a los impactos del cambio climático, el tema merece una atención urgente del gobierno y, en primer lugar, del Ministerio de Agricultura.
La Revista Agraria